Me parece imposible irme de vacaciones sin hablar de La Isla de Kim Ki-Duk. Y también parece que cuanto más se supone q no debes hacer una cosa más ganas tienes de hacerla... :P
Esta película sale sola. Es dramatismo y sentimiento en estado puro. No hacen falta palabras para expresar las emociones más intensas. Casi diría que la ausencia de diálogo dota de vehemencia, misterio y atracción a las emociones humanas.
Kim Ki-Duk muestra como es habitual en su filmografía a unos personajes en el borde de la marginalidad, desgarrados, animales de la naturaleza. Y una historia desarrollada a través de las reacciones desbordadas del animal humano. Porque eso es lo que parece el ser humano, una criatura de Dios temblando bajo el yugo de la lluvia y el dolor.
El escenario está inundado. Inundado por un inmenso lago que no encuentra su final. Al igual que el límite de la pasión, o ¿puede ser el miedo a la soledad agudizada por la inmensidad de la naturaleza?
Como siempre la moralidad está neutralizada. Casi se olvida la diferencia entre el Bien y el Mal cuando ves a esos animales amándose.
martes, 17 de julio de 2007
Todos tenemos una isla en nuestro interior
miércoles, 11 de julio de 2007
lunes, 25 de junio de 2007
Ríete o tápate los ojos
Como venimos constatando en los últimos bombazos orientales que tienen la suerte de llegar a nuestras carteleras españolas, la pasión por la perfección visual y la desbordante y arriesgada composición plástica, heredera directa del manga, convierten el argumento y la narración de Old boy en un film de una calidad mucho más mejorada que si de una realización al uso se tratase.
Excesiva, rozando el ridículo, a punto de precipitarse desde la delgada y endeble cuerda de la credibilidad es la manera en la que se suceden los puntos de giro de esta historia de venganza y suspense. Lidiando entre lo inverosímil, Park Chan-wook hace creíble y apasionante una tragedia sencilla y excesiva que rebusca y enreda el hilo argumental con el objetivo de sorprender al telespectador hasta el último segundo.
Un comienzo que quita hierro a un secuestro de 15 años, suaviza la violencia y brutalidad, saca partido de la frivolización de la tragedia, exagerando la vehemencia de la misma hasta convertirse en caricatura; una doble baza que el director surcoreano va alternando equilibrada y concienzudamente.
Un desarrollo atípico, y un final aún más incoformista, nos aclaran las raíces y los impulsos por los que se mueve el mundo... una imposible historia de amor que se aferra por existir.
Excesiva, rozando el ridículo, a punto de precipitarse desde la delgada y endeble cuerda de la credibilidad es la manera en la que se suceden los puntos de giro de esta historia de venganza y suspense. Lidiando entre lo inverosímil, Park Chan-wook hace creíble y apasionante una tragedia sencilla y excesiva que rebusca y enreda el hilo argumental con el objetivo de sorprender al telespectador hasta el último segundo.
Un comienzo que quita hierro a un secuestro de 15 años, suaviza la violencia y brutalidad, saca partido de la frivolización de la tragedia, exagerando la vehemencia de la misma hasta convertirse en caricatura; una doble baza que el director surcoreano va alternando equilibrada y concienzudamente.
Un desarrollo atípico, y un final aún más incoformista, nos aclaran las raíces y los impulsos por los que se mueve el mundo... una imposible historia de amor que se aferra por existir.

Si es que al final es el amor el que tiene la culpa de todo...
sábado, 16 de junio de 2007
Lila dice, pero sin pronunciar palabra
"Me gusta tu mirada cuando te hablo..."
Mírala a los ojos y tiembla.
La gentil ingenuidad y la simultánea osadía de Lila se presentan al espectador con la evocación de las más provocadoras imágenes oníricas recitadas por de la boquita de un ángel.
Una explosiva sensualidad desplegada con la turgente voluptuosidad de Vahina Giocante adentra, en un primer lugar, al reservado e intimidado protagonista, Chimo, en un desconocido universo repleto colores y sensaciones. La sola presencia distante de Lila, convertida en su musa, le corta la respiración y rasga su interior. Por un segundo es totalmente vulnerable, una masa informe que se desmenuza, un alma incapaz de hablar e incapaz de actuar ante otra presencia que le roba los sentidos, las fuerzas, la voluntad.
Una explosiva sensualidad desplegada con la turgente voluptuosidad de Vahina Giocante adentra, en un primer lugar, al reservado e intimidado protagonista, Chimo, en un desconocido universo repleto colores y sensaciones. La sola presencia distante de Lila, convertida en su musa, le corta la respiración y rasga su interior. Por un segundo es totalmente vulnerable, una masa informe que se desmenuza, un alma incapaz de hablar e incapaz de actuar ante otra presencia que le roba los sentidos, las fuerzas, la voluntad.
La actuación perfectamente calibrada de la rubia actriz se balancea entre una calculada inoncencia y el borde de la zafiedad más despreciable. Una escuálida frontera que en ojos y boca de otra actriz quizás no hubiera dotado de toda la magia y exotismo que contiene la película.
Su director, el libanés Ziad Doueiri, ha sabido exprimir al máximo la mayoría de las secuencias.
Destaco quizás la mejor de ellas en toda la proyección: un simple paseo en bicicleta muestra al espectador como una suburbial atmósfera urbana se convierte en un poético escenario, donde el alumbramiento de tiernas emociones se desatan a través de la manifestación de un cuadro repleto de delicadeza y dulzura donde se desenvuelven los primeros coletazos del amor.
Su mejor baza es su tratamiento artístico, tanto la estupenda banda sonora como la realización, que elevan a esta historia de amor a un nivel superior más allá de la clásica presentación cinematográfica de la iniciación amorsosa en la adolescencia. Podríamos decir que Doueiri hace poesía.
Su mejor baza es su tratamiento artístico, tanto la estupenda banda sonora como la realización, que elevan a esta historia de amor a un nivel superior más allá de la clásica presentación cinematográfica de la iniciación amorsosa en la adolescencia. Podríamos decir que Doueiri hace poesía.
Respecto al desarrollo y los demás temas sociales que se presentan, los personajes secundarios y el desarrollo final de los acontecimientos muestran un previsible desenlace. Los últimos puntos de giro de la historia no se encuentran al mismo nivel que el tratamiento artístico. Personajes secundarios y cuadros sociales estereotipados o ese final condescenciente "made in Hollywood" restan credibilidad y potencial a una historia que podría haber sido realmente transgresora y conmovedora.
Aún así, la mera sonrisa queda y los movimientos de Giocante te dejan sin habla ante todo ese torrente de delicadez y poética. Un útlimo mensaje final que declara las intenciones de Lila es también una baza de sinceridad y realismo que descubre la verdadera esencia de Lila.
Las apariencias como siempre engañan. A veces hay que mirar más allá de las palabras para adivinar la vulnerabilidad que se esconde detrás de la coraza.
Las apariencias como siempre engañan. A veces hay que mirar más allá de las palabras para adivinar la vulnerabilidad que se esconde detrás de la coraza.
Requiem por un sueño
Solo se puede entender como el consecuente remolino suicida, casi inevitable, al que nos dirige un camino sin otra posible opción que su abandono: la adicción a las drogas. El tratamiento videocplipero, subjetivo y surrealista del entramado de las distintas experiencias de los personajes, nos muestra un mismo destino aberrante e irremediable: la autodestrucción.
Un Aranofsky que se regodea en la condenada perdición de los protagonistas y disfruta con la agridulce frustación de los sueños que atesoramos íntimamente más allá de las miserias de la vida. Una inmersión en el diminuto universo personal abocado a un infierno mudo, desamparado e ignorado ante los ojos de la sociedad.
Una película que juega con la delicada mirada de Jennifer Connelly y la asumida y abrasadora soledad de Ellen Burstyn para ponderar y engrandecer el horror de la incompresión individualista y la insolidaridad de la contemporaniedad.

El deslumbrante brillo del falso camino hacia lo deseado.
La Dalia Negra
La última película de Brian de Palma es como siempre un film trabajado y controvertido. Se nota que el guión con ese final, no es propio de una historia escrita por mi querido director. Su firma se revela en la resurrección de la elegancia del cine noir. Cada fotograma contiene esa esencia de clásico perdida en la evolución del cine americano (hacia lo horterilla :P) Es como un cuadro vivo de mujeres fatales y policías corruptos de la posguerra. Me encanta la estética. Es perfecta. Y ha sido la mejor manera que ha podido el italiano de rodar esta sórdida leyenda y disimular sus fallos de guión. Aunque me ha disgustado la recurrente utilización de una música que confiere al film cierto tinte de dramatismo telenovelero. Por último, destaco la brillante actuación de Hilary Swank, metida de lleno en su papel de femme fatale, sensual y peligrosa, tan contraria a los personajes antifemeninos a los que nos tenía acostumbrad@s. Se podría decir en dos palabras: lo borda. Es una actriz como la copa de un pino. ¡Cómo me enamora su personaje! Una actuación eclipsada por la publicidad mediática concedida a una insulsa y anodina Scarlett Johansson (no sé si por el personaje o por esa cara entrada en trance que no hace más que estrechar morritos... ¿qué le verán, verdad Raquel? :P). Josh Harnett está aceptable dentro de su limitada capacidad de interpretación jiji y Aaron Eckhart se defiende bastante bien. Conclusión: la película está bien y destaca por la dirección de Brian de Palma. Merece la pena, aunque tiene fallos de guión y un tratamiento sensacionalista en ocasiones excesivo. No os preocupéis e id a verla sin prejuicios... Total, ¿quién hace caso a los críticos?
Piratas del verano
Decidida a retomar la subjetiva, laboriosa y estimulante labor de criticar el Séptimo Arte, la verdad es que, desde que no me paso por aquí, tengo varias joyitas y no tan joyitas guardas en el cajón de mi memoria. Empezemos por lo más fresco, respecto a lo que a las novedades de la cartelera se refiere, procedamos a echar una mirada critica (y nunca mejor dicho) a la segunda película de piratas que nos regala la industria Disney, Piratas del Caribe.
El cofre del hombre muerto, de nuevo de la mano del estadounidense Gore Verbinski. En primer lugar, resaltar el ritmo aún más trepidante que consigue esta segunda parte, superando a la primera de esta futura trilogía, con la aplicación de una milimetrada precisión tanto en el encadenamiento de las escenas cómo en el cuidado de los escenarios, caracterización de los personajes y escenas de acción perfectamente coreografiadas, que a la vez coordinan humor, acción y tempo de una forma magnifica. La caricatura de los personajes recuerda a algunas de las viejas glorias disneyianas, las cuales no desencajarían en un musical. Sin duda, nos encontramos ante una película tan bien construída a nivel real que podría pasar por ser una de dibujos animados.
A parte de esto, reconozcámos que no se puede encontrar una historia de amor con peso ni un melodrama con profundidad más allá de la explotación de los tópicos héroes (cómo el que da vida Orlando Bloom, siempre con su gesto solemne y hermético), o en este caso, el intento de Keira Nightley por dar vida a un personaje más verosímil que no sea interpretarse a ella misma. Por descontado, sin el talento de Johnny Depp, esta gran película terciada, nunca hubiera sido la misma y quizás no hubiera alcanzado el éxito suficiente como para producir las dos secuelas.
En resumen, esta es una película que no te concede tiempo para tomarte un respiro ante las mútliples ocasiones límite y al borde la muerte en la que se encuentran los personajes. Acción acción, acción, como una buena película de aventuras se merece. Un final un poco abrupto, pero weno, consideremos globalmente como una segunda parte comestible y visible, aunque con cierto riesgo de empacho.
El cofre del hombre muerto, de nuevo de la mano del estadounidense Gore Verbinski. En primer lugar, resaltar el ritmo aún más trepidante que consigue esta segunda parte, superando a la primera de esta futura trilogía, con la aplicación de una milimetrada precisión tanto en el encadenamiento de las escenas cómo en el cuidado de los escenarios, caracterización de los personajes y escenas de acción perfectamente coreografiadas, que a la vez coordinan humor, acción y tempo de una forma magnifica. La caricatura de los personajes recuerda a algunas de las viejas glorias disneyianas, las cuales no desencajarían en un musical. Sin duda, nos encontramos ante una película tan bien construída a nivel real que podría pasar por ser una de dibujos animados.
A parte de esto, reconozcámos que no se puede encontrar una historia de amor con peso ni un melodrama con profundidad más allá de la explotación de los tópicos héroes (cómo el que da vida Orlando Bloom, siempre con su gesto solemne y hermético), o en este caso, el intento de Keira Nightley por dar vida a un personaje más verosímil que no sea interpretarse a ella misma. Por descontado, sin el talento de Johnny Depp, esta gran película terciada, nunca hubiera sido la misma y quizás no hubiera alcanzado el éxito suficiente como para producir las dos secuelas.
En resumen, esta es una película que no te concede tiempo para tomarte un respiro ante las mútliples ocasiones límite y al borde la muerte en la que se encuentran los personajes. Acción acción, acción, como una buena película de aventuras se merece. Un final un poco abrupto, pero weno, consideremos globalmente como una segunda parte comestible y visible, aunque con cierto riesgo de empacho.
La sumersión en un mundo fantástico les encantará al público infantil, (seguro que si fuera una peque la consideraría una de mis películas favoritas :P). No le pidamos peras al olmo.
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