sábado, 16 de junio de 2007

Domino

Domino
Indomable y desenfrenada es nuestra película de Tony Scott., al igual que el espíritu sediento de autenticidad y adrenalina que tiene nuestra Domino Harvey. Emocionado por el empacho de juegos pos-productivos en la narración de los acontecimientos, este falso biopic de la modelo inglesa, reconvertida en una cazarrecompensas, es una arriesgada apuesta inconformista y reivindicativa de un estilo propio. Con ello, el otro hermano menos conocido de los Scotts quiere legitimar un montaje nacido de la publicidad y el videoclip, que ataca a nuestros cinco sentidos de forma eficaz y apremiante, a la vez que cuenta con una sustancial historia, en la que encajan sorpresivamente todas las piezas. Este déficit por exceso de malabarismos visuales, tampoco agrada a todo el mundo. He de reconocer que a las 11 y media de la noche, con la cabeza algo abortagada, a una servidora le costó seguir el ritmo cardíaco al que Tony Scott somete a su propia creación. Esta predilección por los excesos no solo se refleja en la inyección forzada y aceleramiento del número de imágenes por minuto, sino también en los propios derroteros de la historia, que se burla de su propia seriedad y consigue escapar de lo previsible. Surrealista, caótica, trepidante, en ocasiones frívola... Esta película alcanza una visión profundamente subjetiva, donde la sordidez se combina con un espíritu idealista redentor. Aquellos que se decidan por esta atrayente producción, que no esperen 'una de acción' o un thriller a antigua usanza. Cuando menos te lo esperas, Scott inyecta un chute de mezcalina...