sábado, 16 de junio de 2007

Requiem por un sueño

Solo se puede entender como el consecuente remolino suicida, casi inevitable, al que nos dirige un camino sin otra posible opción que su abandono: la adicción a las drogas. El tratamiento videocplipero, subjetivo y surrealista del entramado de las distintas experiencias de los personajes, nos muestra un mismo destino aberrante e irremediable: la autodestrucción.

Un Aranofsky que se regodea en la condenada perdición de los protagonistas y disfruta con la agridulce frustación de los sueños que atesoramos íntimamente más allá de las miserias de la vida. Una inmersión en el diminuto universo personal abocado a un infierno mudo, desamparado e ignorado ante los ojos de la sociedad.

Una película que juega con la delicada mirada de Jennifer Connelly y la asumida y abrasadora soledad de Ellen Burstyn para ponderar y engrandecer el horror de la incompresión individualista y la insolidaridad de la contemporaniedad.
Las buenas intenciones, los deseos, los sueños... se quedan en la imaginación, en el insuficiente y ahogado intento por cumplirlos. "Tenemos un ganador", esa parece ser la máxima final que atrapa a una mujer abandonada del cariño de un hijo, concentrado en construir su futuro aparte. Una historia acompañada por una excelente banda sonora que actúa como leit motiv del inminente y apocalíptico discurso de los acontecimientos y se adapta a las almas afligidas como agua de lluvia. El éxito como equivalente de la felicidad.



El deslumbrante brillo del falso camino hacia lo deseado.

2 comentarios:

Dr. Hichcock dijo...

A mi modo de ver, es una de las grandes películas de los últimos tiempos, aunque los esnobs de siempre la defenestraron. Pero pienso que en un fotograma de esta cinta hay más cine que en toda la filmografía de Almodóvar.

Clara dijo...

La poesía de este fotograma es bestial. Me alegro de no ser la única que lo piense